viernes, 07 de abril de 2006
Algunos críticos pregonan la declinación actual de una perspectiva filosófica de otrora triunfante, pero ¿estará precipitada la celebración?

By Matt Donnelly

Los aniversaros de plata a menudo evocan una sentimentalidad lacrimosa, por ocasionar la oportunidad de maravillarse sobre el vuelo del tiempo. Pero cuando el Council for Secular Humanism (Concejo para el Humanismo Secular) se reunió a finales de octubre en las afueras de Buffalo, Nueva York para celebrar el año 25avo de su existencia, no hubo ojo humedecido alguno en la casa, pues la mentalidad reinante no se prestaba para ello. Los concurrentes estaban muy enfocados en reubicar su movimiento para distarlo—¡del ateísmo!
Esto se debía a que el ateísmo ha recibido muchos golpes reciéntemente. Las estadísticas muestran que pese a que el ateísmo ha cautivado el corazón y la mente de muchos europeos, el número de teístas en el mundo ha venido en aumento aun más dramático, especialmente en África, Asia y América del Sur. Por otra parte, mientras los europeos nativos se vuelven más seculares, su tasa de natalidad se disminuye—en algunos casos, por debajo del nivel de mantenimiento. Esto occure a la vez que la inmigración de una población fervorosamente religiosa con alto nivel de natalidad sigue en aumento en Europa.
A nivel mundial las perspectivas del ateísmo dan motivo de pesimismo. El psicólogo ateísta Steven Pinker de la Universidad de Harvard reconoce que a la vez que el ateísmo ha crecido en occidente, él “no ha penetrado las varias regiones subdesarrolladas del mundo”. Alister McGrath, profesor de teología histórica en la Universidad de Oxford, es más enfático: “El ateísmo, que alguna vez fue visto como el promisorio impulso de la cultura de occidente hacia el futuro, actualmente se muestra como un embarazoso vínculo con un pasado en gran parte desacreditado”, escribió en su libro de 2004 The Twilight of Atheism: The Rise and Fall of Disbelief in the Modern World (El ocaso del ateísmo: El ascenso y la caída del ateismo en el mundo moderno). No coincidentalmente, en la edición de octubre/noviembre de Free Enquiry (El Inquirimiento Libre), prestigiosa publicación redactada por Paul Kurtz, organizador de la conferencia, contribuyentes del mundo entero cuestionaron si la incredulidad está siquiera viable. El crecimiento del fundamentalismo, los retos del posmodernismo a la objetividad científica, y las crecientes inquietudes sobre el papel de la ciencia ante las varias crisis que el mundo afronta—tales como la militarización y el medioambiente—tienen los humanistas seculares a la defensiva. “Los valores del alumbramiento están bajo amenaza en todo el mundo”, advierte el concejo en la literatura generada en su conferencia. “El agenda fundamentalista tanto en oriente como en occidente rechaza estos valores de frente. Nos encontramos ante una nueva Alta Edad Media”.
Pero ¿está muriendo el ateísmo de veras? Entre los miembros del prestigioso American National Academy of Sciences (Academia Nacional Americana de las Ciencias) el 93 por ciento se clasifican como incrédulos. Los científcos de influencia tales como Richard Dawkins, Peter Atkins y E. O. Wilson han alegado que más de un siglo de descubrimientos en las disciplinas desde la biología hasta la astronomía hacen obsoleta la creencia en Dios. Además, está emergiendo evidencia que muestra un vínculo sólido entre altas tasas del ateísmo y la salud social. Altos niveles del ateísmo se correlacionan fuertemente con bajas tasas del homicidio, la pobreza, la mortandad infantil y el analfabetismo, según escribe el sociólogo Phil Zuckerman de Pitzer College, en el Cambridge Companion to Atheism (Compañero cambridge del ateísmo) que ha de salir próximamente. Zuckerman indica además, que altos niveles del ateísmo se correlacionan con altos niveles de educación académica, ingresos per cápita y derechos de la mujer.
Pero si bien las noticias del deceso del ateísmo se exageran, dicha exageración es pequeña. Puede ser por este motivo que los humanistas seculares se esfuerzan por enfatizar que el ateísmo es apenas un subconjunto del humanismo secular, una filosofía que abraza además a los agnósticos, deístas, escépticos y otros autodenominados “pensadores libres”. Este ezfuerzo incluyó la calurosa recepción de parte del concejo al respetado profesor emérito de filosofía de la Universidad de Reading en Inglaterra Anthony Flew, quien reciéntemante cambió su ateísmo por el dios no interviniente de Aristóteles.
“El secularismo sufre de problemas con sus relaciones públicas”, dijo Sam Harris, autor de The End of Faith (El deceso de la fe) en una ponencia ante los concurrentes de la conferencia. Parte de dicho problema es la errónea percepción general, de que el humanismo secular es sinónimo del ateísmo. En comparación con el teísmo, que promete consolaciones en el más allá, el ateísmo difícilmente atrae adeptos, dijo John Novak, profesor de educación de la Universidad Brock de Catharines, Ontario, Canadá. Siendo él mismo humanista secular, Novak reconoce que, “Sería facíl regresar al poder, la estimación, la certidumbre y los galardones” ofrecidos por la religión.
No hay mucha probablidad de que esto suceda con Novak y otros humanistas seculares. En vez de ello, dijeron que esperan introducir un “nuevo alumbramiento” que pueda acomodar las ideas de casi cualquiera que no esté comprometido con el fundamentalismo religioso—incluyendo a los mismos creyentes religiosos progresivos. “No se trata de un asunto de “ellos y nosotros”, dijo Van Harvey, profesor de religión de la Universidad de Stanford. Antes, se trata de una llamada a un frente unido contra “las teologías premodernas del desespero”, las cuales Rather define como el fundamentalismo cristiano, judío e islámico. “El alumbumiento anterior consistió en la ciencia, la razón, y las revoluciones en los derechos y los valores humanos “, dijo Kurtz, fundador de Prometheus Books (casa editorial de literatura de avanzada). “El nuevo alumbramiento es de alcance planetario y extiende las inquietudes por la progresiva mejoría de la especie humana entera del mundo, no solamente de los europeos o los americanos”. Esta creencia moderna en la utilidad social de la ciencia debe continuar siendo predicado, especialmente por personas que no sean “europeas, blancas o masculinas”, dijo.
Kurtz, quien dice que los incrédulos como él se clasifican mejor como “pos-posmodernos”, sigue confiado de que crecientes números de personas del buen pensar, apenadas por el concepto del diseño inteligente, enfurecidas sobre las restricciones políticas impuestas a la medicina y horrorizadas por los terroristas suicidas, se unirán alrededor de la bandera de la ciencia y la razón , aun cuando no puedan convencerse de soltarle a Dios.
Los beneficios tales están cortos de vista y pueden ser pasajeros, respondió McGrath. “Un nuevo alumbramiento afirmaría los argumentos de los muchos críticos del ateísmo”, dijo. “Al ateísmo lo ven como acreditado por el ascenso del modernismo. Es por eso que el posmodernismo fue tan mala noticia para el ateísmo”. La “demanda de un nuevo alumbramiento global es poco más que una demanda de que el mundo se conforme al secularismo de occidente—lo cual es visto como un imperialismo cultural por todo el mundo y cada vez más rechazable por parte de los mismos occidentales”, dijo McGrath. Éste agregó, que dada la percepción negativa de todo lo occidental que prevalece entre los países en vías de desarrollo, los ateos no pueden contar con la disposición de aquellas naciones de cambiar dogma por dólares.
Publicado por PrometeoXXI @ 15:30  | ARTICULOS
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