
La ONU reclama mayor compromiso político para frenar el virus. Piden a la Iglesia un cambio de actitud.
Víctor Romero, Valencia
Un niño muere de desnutrición cada tres segundos; otros muchos se quedan huérfanos como consecuencia del fallecimiento de sus padres consumidos por temible Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Pobreza y sida ejercen de macabros conceptos sinónimos en el tercer mundo. Más de 40 millones de personas son portadoras del virus VIH. Y las consecuencias van más allá de la muerte y la enfermedad. Mike Elton Mposha, alcalde de Lusaka (capital de Zambia, país donde una de cada cinco personas es seropositiva) fue portavoz ayer en el V Foro de la Alianza Mundial de Ciudades contra la Pobreza de la lucha que muchos dirigentes locales del África subsahariana libran a diario contra el virus. «La pobreza y el VIH están entrelazados», explicó. La enfermedad afecta mayormente a jóvenes adultos y merma su contribución al crecimiento económico, explicó Mposha. El fallecimiento de muchas de estas personas genera además un problema añadido, el de niños huérfanos que necesitan ser atendidos.
Previamente, en el transcurso de uno de los talleres del Foro Mundial, el responsable de Onusida, Luc Barrière, había advertido que «el dinero debe trabajar en favor de las personas» y había reclamado un mayor compromiso político de las distintas autoridades nacionales e internacionales contra la enfermedad. Pero al igual de Mposha, Barrière también puso el acento sobre el papel de los municipios y autoridades locales. «El virus tiene mucha más prevalencia en zonas urbanas y ciudades», dijo el primero. «Necesitamos un marco que sirva para movilizar fondos y apoyar las iniciativas locales», apuntó el representante de Onusida. «¿Qué puede hacer un alcalde?», preguntaba el alcalde de Bamako, capital de Mali. La tarea de concienciación y el reparto de medicamentos («el medicamente se desplaza hacia el enfermo y no al revés») se citaron como actividades fundamentales. Pero también la prevención, la educación y la necesidad de mejorar las condiciones de higiene y salud. El alcalde de Bamako lanzó otra pregunta: «¿Hasta qué punto son eficaces los preservativos?». Y suscitó otra cuestión desde el público asistente: «¿Qué papel desempeña la Iglesia en el asunto de los preservativos?». Mposha y Barrière explicaron que hoy en día no hay instrumento más útil contra el sida que el preservativo -con la información añadida para su buen uso- y estimaron en un 99,9% su eficacia. Sobre el papel de la Iglesia, Mposha relató su experiencia y los «muchos malentendidos» que provoca el rechazo de la jerarquía religiosa al condón y su doctrina de la abstinencia. Destacó el papel «clave» y fundamental que desempeñan los pastores religiosos, por su influencia sobre la población. Y aconsejó a los alcaldes que se sienten con la Iglesia y le expliquen la situación real y los beneficios preventivos de los preservativos. Mposha, tras mostrar al pastor de Lusaka la realidad de las zonas más deprimidas de la ciudad, logró un cambio de actitud en los responsables religiosos.