
Tras denunciar las presiones de la cúpula eclesiástica para ser apartado de su cátedra, ha decidido no callarse
Juan Masiá Clavel (Murcia, 1941), es jesuita. Ha vivido más de 25 años en Japón, donde ha sido director del Departamento de Bioética en el Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Sophia y profesor de Bioética y Antropología en la Facultad de Teología de la misma Universidad. Hasta final de curso, es director del Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas, en Madrid.
Desconcertado «por las presiones que el cardenal Trujillo (presidente de la romana Comisión para la Familia), Rouco (cardenal de Madrid) y Romero Pose (responsable de la Comisión Doctrinal en España) han hecho para evitar que mi libro -Tertulias de Bioética. Manejar la vida, cuidar a las personas (Sal Terrae), sea leído», y una vez que se le ha comunicado que será apartado sin vuelta atrás de la dirección de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas, el jesuita Juan Masía, ha decidido decir, sencillamente, lo que piensa. Y no se frena ni ante obispos ni cardenales. .
- El título del libro que le está trayendo tantos problemas es Tertulias de Biótica. Manejar la vida, cuidar a las personas. Un libro presidido por el respeto, la generosidad y la comprensión puestos al servicio del otro, de los demás, ¿cómo puede molestar tanto?
- No me lo explico. Hay un obispo que ha dicho, por ejemplo, que el título del libro es muy frívolo, fíjese usted.
- Bueno, se han dicho de usted cosas peores.
- Me llaman hereje y todo, cuando yo soy una persona que está en el centro y que tiene, creo yo, una forma evangélica de ver la biología, de pensar y de situarse frente al dolor del otro. Me están llamando hereje y cosas mucho peores. La lluvia de insultos que me dirigen es enorme, a mí que soy muy tranquilo, muy pacífico, que no insulto jamás a nadie. Los conservadores extremos, sin son inteligentes y educados, admiten el diálogo, pero los conservadores escasamente inteligentes y, encima, muy mal educados y agresivos son tremendamente peligrosos. Desgraciadamente, abundan más los de esta segunda clase.
- Pero usted no se queda callado. Y critica abiertamente declaraciones de algunos obispos.
- ¿Hay que quedarse callado como si estuviésemos sordos? Me dio una vergüenza enorme el otro día escuchar al Obispo de Murcia (Juan Antonio Reig Pla) decir eso «bio-adulterio e incesto-genético». Sentí una gran vergüenza, porque yo me siento Iglesia y sé que él también comparte conmigo la defensa de la vida al cien por cien. El problema, la lástima, es cómo lo estropea luego diciendo esas tonterías. Yo esa crítica se la hago con cariño y sintiendo dolor por que se hable desde la ignorancia científica con tanta firmeza.
- ¿Le gusta que sus reflexiones escandalicen?
- El tema no es si me gusta o no, sino si como miembro de la Iglesia y experto en Bioética debo hacerlas. Sé que mis reflexiones escandalizan mucho a unos pocos, pero que a otros muchos les ayudan, les aclaran dudas, les afianzan en su fe. Yo estoy con la gente y con sus problemas, y no por las nubes con cuestiones de política eclesiástica y de afanes de poder.
- Del cardenal Rouco dice usted que no admite en absoluto la pluralidad, ni la discrepancia.
- Bueno, escuchándolo hablar, está claro que la impresión que produce es que no soporta cualquier peligro de pluralismo, de pluralidad. En Japón, un obispo me dijo no hace mucho, ¿pero qué pasa en tu país con los obispos, que los he visto en el periódico en una manifestación contra los homosexuales? Yo le precisé, un poco tratando de no dejarles en tal mal lugar, que la manifestación era a favor de la familia. Ya, pero es que eso no puede ser, añadió el obispo. Hay que tener caridad, no se puede discriminar a nadie porque tenga una determinada orientación sexual, no podemos condenar el amor, que es precisamente lo que predica Jesucristo. Pues díselo a tus hermanos obispos españoles, le dije yo.
- Usted sostiene que en otras partes la jerarquía es mucho más abierta que en España.
- Incluso en España, creo que hay una parte de la jerarquía que piensa esto mismo que digo yo en el libro, pero que no se atreve a decirlo porque si lo dices no llegas a arzobispo o no llegas a cardenal.
- ¿Su defensa del uso del preservativo es lo que peor sienta?
- No pueden oír ni hablar del preservativo, cuando a lo mejor si hablásemos más de él oiríamos hablar menos de sida, de embarazos no deseados, de mucha gente sufriendo mucho. ¿Pero si esto del uso del preservativo es una cosa muy superada hace ya muchísimo tiempo! Por favor, ¿cómo no usar un preservativo que puede librar a un ser humano de infectarse de sida?.
- ¿Quiere decir que en España el retraso con respecto a otras conferencias episcopales es mayúsculo?
- En España no conocen lo que desde hace más de quince años están diciendo teólogos y obispos en otras partes sobre temas como el preservativo y las relaciones sexuales. He denunciado que aquí hay una situación anómala, de marcha atrás en la Iglesia y en el país, de mucha marcha atrás, de mucha cerrazón.
-Por ejemplo.
- Acaba de decir Mariano Rajoy, como ya dijo antes el cardenal Cañizares, que el Estatuto de Cataluña abre la puerta a la eutanasia y al aborto. ¿Por favor! Yo no estoy ni a favor de la eutanasia ni a favor del aborto, pero hablar de la forma que lo hacen ellos le hace un flaco favor a esa postura. Porque que el Estatuto hable «de la dignidad de las personas en el proceso de morir» no es negativo; decir eso es, desde hace siglos, una postura correctísima.
Sobe la manifestación de los obispos en contra de la ley de matrimonio homosexual, ¿qué pensó?
- Sentía vergüenza y me dolía ver a los obispos manifestarse contra los homosexuales. Con respecto a la ley de matrimonios homosexuales, yo mismo hubiera preferido que se hubiera tardado más en su aprobación y que el debate cívico hubiese sido mayor. Aquí los debates se hacen por cuestión política o religiosa, se polarizan, y las cuestiones éticas, científicas o jurídicas no se debaten ni lo suficiente ni con la serenidad necesaria. Salieron a la calle y, si bien decían que era para defender a la familia y el matrimonio cristiano, detrás había otra cosa: una parte de la Conferencia Episcopal muy beligerante en favor de la ultraderecha política más crispadora. Y eso es un hecho. Lo que es imprudente es callarse, porque eso le está haciendo daño a la Iglesia y al país.